¡Ay, hijo! ¡No te acerques tanto al borde!

Hace ya un tiempo un amigo nuestro, entradito en años, nos decía que a la suegra hay que tenerla en un radio de 500 Km… pero fuera de ese radio. Yo no solo no he seguido ese consejo si no que tengo a la mía casi viviendo conmigo. Y tengo que reconocer que no me importa lo más mínimo pues es un encanto de mujer.
Hago esta introducción para que se pueda entender que ayer domingo Carmen y yo nos fuésemos de excursión con ella y con mi madre. Y es que las dos consuegras se llevan excepcionalmente bien.
Queríamos invitarlas a comer al pueblo, pero para ello optamos por dar “pequeño rodeo”. Lo que hicimos fue llegar por la autovía hasta Frigiliana y desde allí, ya fuera de asfalto, llegar hasta Cómpeta. Tomamos el camino que lleva hasta el Puerto de Paez Blanca y desde allí nos acercamos a la Puerta Verde, pasando sobre el río Higuerón, ya cerca de la base de El Cisne.A pesar del calor, las dos aguantaron estoicamente la dureza del carril y los pasos estrechos. Disfrutaron como niñas de las increibles panorámicas que hay en esta ruta. Desde el puerto de Paez Blanca nos dirigimos hacia el cortijo del Daire desde donde se puede hacer una de las mejores ascensiones al Lucero. Continuamos por el carril para llegar hasta el puerto del Collado, pasando antes por la Casa de la Mina. De allí nos dirigimos hasta Cómpeta y, ya por carretera, llegar a Canillas de Albaida. Bajamos hasta el Ribera del Turbilla y subimos hasta el Puerto de los Carboneros, saliendo a la carretera que nos llevó, a eso de las tres de la tarde, hasta Salares. El pueblo se encontraba prácticamente vacío, pues cuando hay una boda casi todo el mundo está invitado. Como los bares estaban cerrados decidimos comer en la casa.

Estando en la casa recordamos la primera vez que fotografié Salares. Fue en enero del año 82, por la festividad de San Antón.  Vine a enseñarles la zona a mis padres, Mari Tere y José Mª. Me acuerdo de la gente paseando sus caballos y mulas enjaezados y la Maroma cubierta de nieve. Creo que a mi padre le hubiese gustado conocer a la gente de este pueblo y charlar con ellos. Seguramente se hubiese hecho amigo de Aurelio y se pondría a contar sus historias de Navalmoral de la Mata tomando unos “chatos” con él en su bodega.

Hay tantas cosas que contar de estos pueblos. Y creo que a él le encantaría.

Tengo que acordarme de contárselas cuando nos volvamos a ver.

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5 pensamientos en “¡Ay, hijo! ¡No te acerques tanto al borde!

  1. Hola pareja, no se si ese pueblo tiene alcalde pero en caso de que así sea, le solicitaría que os nombrase hijos adoptivos, si es que no lo ha hecho ya, después de comprobar esta admiración que sentís por el pueblo.
    Espero poder conocer algún día vuestro descubrimiento.
    Besos,
    Concha

  2. Quien le iba a decir a mi querida hermana que “estaría en los papeles” (como antes se decía cuando alguien salía en la prensa escrita); en esta ocasión se trate de aparecer en los “papeles virtuales”, que sin lugar a duda y pese al ámbito local, tienen una proyección mucho más global.
    Un beso desde el espacio virtual para las dos consuegras y para sus respectivos vástagos.
    “El Juanki”

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